Un día en la vida de Evita, Emma Nicolini (hija de Oscar Nicolini y colaboradora muy cercana a Eva Perón)
“Después del 4 de junio de 1946, comencé a trabajar todos los días en la residencia presidencial, de la avenida del Libertador y Austria, donde hoy está ubicada la Biblioteca Nacional.
Llegaba a las ocho de la mañana y ella, ya despierta desde las siete, me recriminaba el porqué de mi tardanza desde su recámara; luego de un ligero desayuno ingresaba a la misma el señor Atilio Renzi (intendente, mayordomo y secretario privado de Evita), recordándole sus compromisos. Hacía lo mismo con la señora Irma Cabrera, ama de llaves, quien alistaba toda su ropa, llegaba el señor Julio Alcaraz (peinador personal) y la señorita Sarita Gatti (manicura personal), que trabajaba en la peluquería de don Julio llamada “Anahí”.
Sarita le arreglaba las uñas con el esmalte de Helena Rubinstein color Rochid o blanco nacarado.
Más tarde ingresaban a la residencia la delegada censista por la Capital Federal señorita Adelina Fiora, la señora Georgina “Nene” Acevedo de Cámpora, y la señora Helena Caporale de Mercante, esposa del gobernador de la provincia de Buenos Aires.
A media mañana partíamos con Evita y la señora de Cámpora al Ministerio de Trabajo, estando allí de 15 a 16 horas diarias, donde Evita desarrollaba durante horas interminables su trabajo de acción social, repartiendo a los pobres, camas, colchones, subsidios, máquinas de coser, herramientas de trabajo, etcétera, etcétera, donde también recibía algunos ministros, diputados, senadores y al secretario general de la CGT señor José Espejo.
A veces algún ordenanza abría la puerta trayendo a un pobre que necesitaba ayuda, y enseguida Evita juntaba dinero que le pedía a los ministros presentes para entregárselo al más necesitado.
Exhausta, cerca de las seis de la tarde, se apoyaba cansada en un sillón, doblando la pierna izquierda y tomaba un café, a veces una aspirina.
Horas más tarde, ya de noche, nos retirábamos al Hogar de la Empleada a comer, donde se desarrollaba la Peña de “Eva Perón” con los poetas, embajadores, ministros, diputados y a veces nos acompañaba la actriz Fanny Navarro (presidenta del Círculo de Artistas), donde se recitaban poesías del gran José María Castiñeira de Dios y de otros colegas.
Regresábamos a la residencia entre las tres y las cuatro de la madrugada, el general ya hacía rato que descansaba, y Evita le ordenaba a su chofer, para que llevara a todas las personas que la habíamos acompañado.”
Fermín Chavez, Diez hijos de Evita, Editorial Nueva Generación, 2005

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