Experimenté algo vivo, práctico, ansioso de vida y de calor. Un algo que fuese, diariamente, la razón de cada uno de mis actos. Un mandato imperativo de ayudar al que sufre. De asistir al caído. De acuciar al vencido. De alentar al bienintencionado y al digno. Un mandato de humanizar lo que la vida pone de inhumano en sus encrucijadas
No hay comentarios:
Publicar un comentario